miércoles, 26 de agosto de 2009

APUNTES SOBRE DESCOLONIZACIÓN: EL DESAFÍO DE LA DIVERSIDAD


Por Mario Rodríguez I.

La llamada “colonización” europea en nuestro continente -más bien habría que decir invasión- es la más dramática experiencia de encuentro conflictivo, tenso e inequitativo a lo largo de nuestra historia. El período colonial supuso, entre muchos otros elementos, un encubrimiento de las culturas que poblaban estas tierras. Se encubrió, desde entonces, con la misma intensidad y despropósito sus historias, sus saberes, sus cosmovisiones, sus expresiones cotidianas, sus vestimentas, sus lenguas o sus ritualidades. Desde entonces tenemos una historia claramente marcada con un antes y un después. Sin embargo, el encubrimiento no significa no existencia, se encubre solo lo que existe.

La herencia colonial marcará una forma de ser de la Bolivia republicana. Nuestras instituciones, nuestros cotidianos, los criterios de normalidad serán parte de esa herencia. Viviremos en una Bolivia, la oficial, que seguirá sin verse al espejo, como si la ausencia de imagen reflejada, esa otra manera de encubrir, pudiera borrar nuestra profunda complejidad de sociedad abigarrada y pluricultural. Pero el país será más que esa imagen encubierta de lo que somos, por todos lados desbordarán los otros rostros, las otras formas y las otras historias. Bolivia nunca dejará de ser lo que es: diversidad.

Hoy esa complejidad abigarrada abandona con fuerza el encubrimiento y se hace ver con sus múltiples aristas, las esperanzadoras y las conflictivas, las complementarias y las intolerantes, las renovadas y las de siempre... En este país que sólo puede ser si sigue estando, es decir, siendo desde lo que es, desde su diversidad.

El país vive momentos de profundas transformaciones en varias esferas de su vida. Hay avances visibles, elementos que van configurando ese nuevo brotar, ese momento histórico distinto.

Gran parte de este proceso de hacer brotar un país diferente al de hasta ahora, está teñido por la irrupción de las raíces indígenas y del complejo abigarramiento pluricultural que va más allá de lo propiamente indígena. Como toda irrupción, la misma es conflictiva, tensa, complicada al mismo tiempo que seductora, desafiante y festiva.

En medio de este caminar existe la posibilidad de quedarnos con algunas consignas generales, con una suerte de consensos mínimos sobre el camino a seguir, pero que a la hora de convertir los mismos en políticas y acciones estatales nos quedemos sin elementos suficientes para hacer que esas orientaciones de cambios se conviertan en materialidad concreta y cotidiana. Uno de esos elementos es la descolonización.

Si bien esta consigna parte de un criterio digámoslo por la negativa, es decir no afirma algo sino que intenta superar algo existente en la configuración del país, es en sí misma una idea eje clave para el nuevo proceso.

En efecto la colonia no fue solo una etapa histórica por la que nos tocó pasar, es todavía una manera de estructuración de la sociedad que deja marcas y huellas profundas y que organiza maneras de autocomprendernos, convivir y proyectar el devenir. A pesar de que oficialmente la colonia dejó de ser el sistema dominante hace casi 200 años, lo cierto es que seguimos teniendo una estructura colonial en nuestro Estado, las instituciones y el cotidiano convivir.

La Descolonización no puede ser el sentido del proceso de cambio que vive el país; Bolivia debe orientarse por la afirmación de lo que queremos construir, no por la negación de lo que queremos dejar atrás. Sin embargo, es fundamental asumir que necesitamos pasar por un proceso de descolonización que nos permita ir afirmando mejor lo que nosotros y nosotras queremos del país, desde nosotros mismos, como algo propio capaz de asumir los aportes de otras regiones del planeta, pero sin dejar de tener nuestra singularidad y nuestra propia construcción colectiva.

La Descolonización debería ser comprendida como una transición necesaria para ir generando las condiciones de construcción propia, diversa y compleja, pero nuestra. Una transición comprendida como proceso de deconstrucción – reconstrucción.

Un proceso de descolonización pasa por detectar los entretejidos que hacen a la constitución del campo cultural colonial, ya que es justamente esa herencia la que continúa atravesando nuestra cotidianidad e instituciones. En la medida que seamos capaces de deconstruir los cimientos coloniales todavía presentes en nuestra sociedad, entonces sentaremos bases cada día más sólidas y propias para reconstruir nuestras propias maneras de comprender, hacer y sentir Bolivia en diálogo equitativo con lo externo, no aislados, pero si equilibrados.

Algunas ideas, algo más precisas, para conversar sobre el proceso de descolonización serán las que compartiré en una serie de artículos que continuarán a este inicial.

http://evolucion-bolivia.blogspot.com/