lunes, 14 de diciembre de 2009

HONDURAS Y BOLIVIA: LA COMPLEMENTARIEDAD SOLIDARIA


Por Mario Rodríguez I.

Para la gran mayoría del pueblo boliviano, para el común de la gente, durante mucho tiempo Honduras fue apenas el nombre de un país poco identificable en el mapa. Tal vez, eso era apenas expresión de una realidad de incomunicación entre los países del Abya Yala o América latina a la que fuimos sometidos por intereses de las potencias coloniales e imperialistas.

En los años '80 en la izquierda se hablaba de Honduras con cierta imagen negativa por ser un país, más bien un gobierno, que servía para instalar bases militares estadounidenses y de la "contra" para atacar ese bello proceso de la revolución sandinista de entonces.

Luego Honduras siguió siendo casi un país sin rostro para la mayoría de los bolivianos y bolivianas.

En agosto y septiembre del año 2008 en Bolivia se vivió una ofensiva violenta de los sectores oligárquicos y la derecha radical. Toma de instituciones, amedrentamientos, atentados, golpizas a población civil y hasta una masacre a campesinos y campesinas en Pando fueron parte de esta estrategia. En medio del conflicto, mientras el pueblo boliviano, los movimientos sociales y el gobierno resistían el embate desesperado, el ejecutivo decidió la expulsión de Philip Goldberg, embajador de Estados Unidos en Bolivia. La medida era arriesgada pero certera, desde la embajada -como tantos otros momentos de la historia de nuestro continente- se fraguaba ese "golpe cívico prefectural" (así se lo denominó por ser los gobiernos departamentales opositores y sus comités cívicos los actores visibles del mismo).

La expulsión de Goldberg (ahora asesor de inteligencia del gobierno de Barak Obama y antes estratega de la desintegración de la ex Yugoslavia), fue un acto de dignidad.

En medio del conflicto se escuchó una noticia llamativa. El gobierno de Honduras, a la cabeza de Manuel Zelaya, se había negado a recibir las cartas credenciales del nuevo embajador estadounidense en su país mientras durara la situación conflictiva en Bolivia, por solidaridad con ese pueblo. Fue para muchas personas una sorpresa agradable, digna, solidaria.

Honduras sonaba a más próximo, a país vecino a pesar de los miles de kilómetros de distancia. Ese gesto quedó grabado en el corazón de mucha gente.

Cuando se produjo el golpe de estado en Honduras, a finales de junio, me tocó presenciar una movilización boliviana de apoyo el pueblo de Honduras y el gobierno legítimo de Zelaya. La movilización estaba compuesta principalmente de campesinos e indígenas. La fuerza movilizadora del proceso de cambio.

Escuché a alguien decir que esa gente seguro ni sabía dónde estaba Honduras y que era utilizada. Yo sabía que era esa gente, justamente por lo ocurrido antes en Bolivia, la que mejor comprendía la solidaridad de Honduras y establecía reciprocidad entre pueblos. Honduras ya no era un país sin rostro, sino parte de la hermandad continental.

Por eso vivimos intensamente lo sucedido estos más de 5 meses de golpe, de represión, de ilegalidad e ilegitimidad en ese hermano país. Por eso seguimos acompañando y haciendo fuerza para que la lucha de ese valeroso pueblo se consolide y derrote a la estrategia estadounidense, de la oligarquía local y de las fuerzas más conservadoras de ese país. Por eso tenemos la certeza que el camino de Honduras va inevitablemente al cambio profundo y revolucionario.

Por reciprocidad y solidaridad me alegré estos días, cuando un amigo del frente de Resistencia al golpe de Estado en Honduras me escribió para contarme que en Tegucigalpa y San Pedro Sula se había festejado, en algunas zonas, como propia la victoria de Evo Morales en las elecciones del 6 de diciembre.

Sí, Honduras y Bolivia son una muestra de los nuevos vientos de solidaridad y reciprocidad entre nuestros pueblos. Somos mucho más que dos.

http://evolucion-bolivia.blogspot.com

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